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Viajes Étnicos

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Viajes Étnicos

Viajar étnico, viajar humano

Viajar étnico es viajar humano

Viajar étnico es percibir, entregar los sentidos al mundo, sentir la vida en sí. Los viajes no son algo cuantificable; siempre son distintos, únicos, irrepetibles.

La vida avanza a una velocidad vertiginosa; es tal el ritmo que muchas veces no tenemos tiempo para apreciar lo que nos está ocurriendo. Este es el drama del mundo contemporáneo. Sin embargo, cuando viajamos, el tiempo se dilata, durante el viaje, se percibe lento. Quedan atrás la velocidad y la monotonía del día a día, que impiden reparar en la belleza de los acontecimientos y en lo maravilloso que es vivir. En el viaje todo cobra otro sentido porque, solo entonces, podemos ver en perspectiva. Es como si todo se hiciera por primera vez y, al mismo tiempo, por última vez. Mágicamente, se ensancha el tiempo, la percepción se agudiza y uno está más atento a reparar en lo nuevo y en lo extraño. 

 

Se trata de descubrir el nuevo destino; pero, a la vez, de descubrir ese “otro yo” que late dentro. Viajar es vivir otra vida, moldeada por otro lugar, por otras gentes, por otra energía y por otro tiempo. Es entender otras culturas, sentir otros corazones, interpretar otras sonrisas y perderse en otras miradas. Quien visita Sapporo, Mt. Hagen, Omo Valley o Guadalcanal, en islas Salomón, ya no es el mismo. Es posible crear un lazo de unión con esas otras personas: olores, sabores, imágenes y recuerdos que ya nunca podrás olvidar. Cada lugar tiene una energía determinada, un poder específico y unas enseñanzas secretas. 

 

Cuando llegues a Teherán, ¿quién serás? 

¿Cómo amanecerás en Kalimantan? ¿A quién conocerás en Gaborone? ¿Qué soñarás en Lijiang? ¿Qué significado cobrará para ti esa mirada furtiva en Udaipur? El mundo no se entiende en una visita casual de quince días; pero, el conocimiento y la experiencia se acumulan. En cuanto más viajas, más conoces del mundo y de ti mismo; de quien eres y de lo que puedes ser al dejar tu entorno para aventurar otras latitudes. Siempre encontrarás nuevas maneras para ser ese “otro yo” renovado y libre.

 

Hoy estamos más conectados que nunca

Día tras día, estamos expuestos a una avalancha de información que viaja veloz. La tecnología hace nuestras vidas más cómodas, reduce las distancias y nos permite asomarnos a cualquier rincón del planeta con solo un clic. Sin embargo, tal vez en algún momento te asalta la pregunta: “¿Por qué he de levantarme para ir a tomar un avión y emprender un viaje de miles de millas para conocer un pueblo que vive aún, conectado a sus raíces, en cualquier rincón del planeta?” “¿De dónde viene esta idea de viajar étnico?” 

 

Si llegaste a este punto, querido lector o querida lectora, quizás ya conoces o intuyes la respuesta. Nosotros, viajeros empedernidos que somos, aventuramos algunas pistas. Viajar étnico, es viajar humano. Cada ser humano es una manifestación de la conciencia del planeta Tierra. Con el acortamiento de las distancias, gracias a los medios de transporte de hoy, y con la llegada de internet, esta conciencia se funde y nos vincula a todos. Es el momento ideal para que cada etnia o cultura del planeta comparta con las demás lo positivo que ha aprendido. Para, así, crear un mundo más consciente y comunicarnos mejor entre nosotros, con nosotros mismos y con la vida en sí. Hacia adentro y hacia afuera. 

 

Viajar étnico para preservar la identidad de estos pueblos

Estas culturas que te invitamos a visitar, corren el riesgo de desaparecer tras la globalización y la estandarización de la vida materialista. Viajar étnico es una manera de contribuir a su protección y a su persistencia.  ¿Cómo? Escuchándolas, aprendiendo de ellas, volviendo a conectar con la Tierra y con los demás seres. Debemos preservar la identidad de estos pueblos, el conocimiento de sus ancestros y los territorios en los que viven y de los que forman parte. Queremos propiciar que puedan sentirse orgullosos de ser los últimos pueblos conectados, con raíces. Si desaparecieran, con esas etnias, con esas culturas, perderíamos las raíces y quedaríamos todos desconectados. 

 

Son guardianes de la naturaleza y del conocimiento. Podemos visitarlos para escuchar y observar sin juzgar, y para aprender de ellos. También para darles las gracias por conservar las raíces que vinculan a nuestra especie con el Planeta y por compartir su sabiduría profunda e imprescindible. El modo más eficaz de hacer esto es viajar. Viajar étnico es viajar humano.

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