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Viajar étnico, viajar humano

Tras las huellas de las Caravanas en Mauritania

No es necesario adentrarse mucho en el desierto para comenzar a vislumbrar las formas de vida y costumbres de los Mauritanos. Desde aquellos más cosmopolitas residentes de Nouakchott hasta aquellos que aún surcan las casi infinitas arenas del desierto, siguen respetando su cultura nómada, su vestimenta tradicional y su gastronomía particular, no te puedes quedar sin probar un zrig, un yogurt fermentado o tipo de leche cuajada de cabras o dromedarios sin endulzar.

Vastos territorios que en la antigüedad cubrían sus suelos de color verde que las fuerzas climáticas y geológicas transformaron en inmensas dunas áridas y desérticas que envuelven a uno, y mesetas sin fin que llevan a la imaginación, son transitados por múltiples caravanas de dromedarios que surcan arenas traficando especias, sal y oro, pero también, buscando pastos y agua para los animales. Estos criadores nómadas de ganado vacuno, ovino, caprino y camélido pueden esparcirse por las regiones de Tergit, Ouadane y el propio desierto de Adrar, entre otros.

Y si tras huellas de caravanas orientamos nuestra ruta, es una garantía encontrar haimas tradicionales apostadas en el medio de una pintura entre dorada y rojiza, formada por las finas arenas de sus tierras. Éstas, hechas de pieles, lanas y pelos, o bien de lona para las más modernas, protegen a sus habitantes de la fuerte calima, viento del desierto resultado de la sequía y la aridez abrazante, que puede azotar de una manera incesante hasta dejar a uno envuelto en una nube gigante de polvo. Pero con cuidado, es importante respetar su cultura y entender que, si bien los nómadas son personas amables y acogedoras, sólo puedes visitarlos en sus tiendas si tienes un motivo importante para hacerlo, o bien, si es familiar directo de ellos o del camélido, si ha leído bien, del dromedario.

Pero nuestras rutas no sólo contemplan el desierto, sino también las bondades de estas tierras que, se pueden encontrar oasis enclavados en la nada que son dignos de una escena de película. Un gran ejemplo de ello es el Oasis de Tergit, un lugar mágico situado en un cañón de rocas rojizas que hacen un contraste maravilloso con el verde que ofrecen los palmerales datileros del lugar, un espacio único para escapar del calor incesante y disfrutar de una calma abrazadora recostado en una haima tradicional.

Otro punto muy interesante a visitar es la ciudad medieval de Chingetti, en la meseta de Adrar. Fundada por antiguos Berebes, fue declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO, y motivos no le faltan. Este punto de encuentro, expone sus ruinas intactas como una foto en el tiempo, que a su vez va dando lugar a la nueva ciudad. Acá podemos encontrar las famosas y milenarias bibliotecas de un saber ancestral, que registran desde tiempos inmemorables, conocimientos sobre el Corán, filosofía, gramática, medicina, matemáticas y múltiples textos que registran incluso, el origen de los primeros pobladores de las Islas Canarias. Poder observar los edificios que componen una fortaleza de adobe, hoy brindan un paisaje de antaño y exótico que sufren el embate del desierto y sus dunas amenazantes.

También es súper atrapante, ver pequeños asentamientos propios del África Negra, que enclavan un amasijo de casas hechas de paja, caña y adobe en los alrededores de los pocos pozos de agua, o a costados de la ruta, que en la antigüedad eran transitadas por las viejas caravanas y hoy se encuentran convertidas en rutas de un fino asfalto que suele desaparecer cuando el viento por gusto propio, transforma el paisaje en una nube color rojizo que te envuelve y que grafica un territorio inhóspito y virgen.

Rutas que transitan el cinturón del Sahel, o ahí, en el lugar donde se pone el sol, el Magreb, encontramos etnias como la Bereber, los Fula o Fulani y los propios Mandinga, que impregnan esta tierra, de saberes milenarios que hoy mismo se respiran y practican en cada huella que han tatuado las caravanas nómadas por este territorio africano.

Entonces, Mauritania es mucho más historia que el esclavismo, más postales paisajísticas que el propio desierto. Mauritania ofrece cultura, saber, tradiciones y experiencias que te harán comprender otro estilo de vida.

Eso sí, ten en cuenta una sola verdad, que la calima murmura y repite de manera constante alimentado un misterio digno de estas tierras y que el Ojo del Richat confirma en cada minuto que pasa:

El desierto no es de nadie, todos, son invasores

Rutas por Mauritania

Aventurarse en estas tierras bajo el fino polvo de la arena, no sólo es místico, sino que también es un recorrido que te llenará de sabiduría, conocimiento tangible que uno puede encontrar en las bibliotecas de incalculable valor a los pies de la Puerta del Desierto.
8 días
Aventurarse en estas tierras bajo el fino polvo de la arena, no sólo es místico, sino que también es un recorrido que te llenará de sabiduría, conocimiento tangible que uno puede encontrar en las bibliotecas de incalculable valor a los pies de la Puerta del Desierto.
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